Maniobras militares de EE.UU. contra Venezuela apuntan también hacia Rusia

Estamos a mitad de 2019 y el golpe promovido por Washington contra el gobierno del presidente Nicolás Maduro se desinfla.

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Estamos a mitad de 2019 y el golpe promovido por los Estados Unidos contra el gobierno del presidente Nicolás Maduro se desinfla.

Los diálogos de Noruega y Barbados dan un tono político a los próximos meses en Venezuela, sin embargo, algunas acciones y declaraciones muestran que desde Washington no hay intención de bajar la temperatura a la tensión provista por la amenaza de guerra.

Por supuesto, muchos dólares han quedado en el camino para financiar la actual situación venezolana; no puede dejarse de lado todo lo invertido en Venezuela para derrocar a Maduro. Por ello ha respondido el jefe del Comando Sur, almirante Craig Faller, quien incluso acusa a Cuba y Rusia de apoyar a Maduro por mantenerse en el poder ejecutivo.

Las últimas declaraciones de Faller a la agencia AP confirmarían que, en cuanto a Venezuela, no se darán por vencidos en presionar cada vez más un escenario que no les conviene en su plan golpista venido a menos. El fantasma de la «opción militar» vuelve con intermitencias, una carta que se usa en los momentos de peor desinfle de la oposición venezolana.

Vuelve el USNS Comfort

A finales del año pasado (2018), el buque hospital de guerra USNS Comfort encalló en territorio colombiano con el supuesto propósito de atender a migrantes venezolanos con obvios visos de propaganda, una campaña de Donald Trump en un contexto electoral inminente con las presidenciales de 2020.

Se supone que el Comfort ofrece «asistencia humanitaria» en toda la región latinocaribeña, especialmente en aquellos países ligados directamente a los intereses norteamericanos, en casos de crisis social por efectos naturales o económicos. La crisis en Venezuela está en el circuito propagandístico de esa narrativa, con el buque en el centro.

Con esa intención se ha vendido el paso de ese buque hospital por el Caribe y Centroamérica. Recientemente, según Bloomberg, en Costa Rica atendieron a unos 150 migrantes venezolanos. Faller no pudo dejar pasar el momento, alegando que ello es consecuencia de un escenario «provocado por Maduro».

El Comfort pasará por Panamá y Trinidad y Tobago, países cercanos a Venezuela, con la intención de seguir su peregrinaje usual con el condimento venezolano en la primera tapa de los diarios digitales. La «cara humanitaria» de la operación lleva consigo una amenaza, pues el buque representa un ala del sector militar estadounidense. Y el Comando Sur asoma las narices sin pudor en territorio ajeno.

Provocaciones aéreas

A los merodeos del USNS Comfort se unen los vuelos ilegales de reconocimiento en territorio venezolano en alta mar por parte de la aviación estadounidense. No lo niegan, más bien los justifican de la misma manera que lo hacen contra la República Islámica de Irán: para preservar la seguridad global (de sus intereses).

El espionaje forma parte de todas las guerras; la intercepción de los espías también. Estados Unidos intenta recabar toda la información posible de los sistemas de defensa y de comunicación venezolanos, mientras la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) responde a la preservación de esa inteligencia con la expulsión de las aeronaves EP-E3 Aries II.

Sus misiones se han visto interrumpidas por la FANB, alegan que sus operaciones están en aguas internacionales y no pueden evitar el bochorno de verse presionados por los aviones rusos de última generación, que llegaron a Venezuela vía cooperación estratégica.

Rusia es una de las «amenazas existenciales» del Pentágono para los intereses norteamericanos, con tecnología militar de punta que puso al Departamento de Defensa a correr en cuanto a manufactura y proyección de sus armas y sistemas de defensa.

En Venezuela se encuentra instalado el sistema antiaéreo S-300 (probado con efectividad en Siria) junto con los radares rusos, los misiles hipersónicos y pabellones enteros de Sukhoi que dan una ventaja técnica a la FANB por sobre armas y naves enemigas en la región. Tal vez ningún ejército en América Latina y el Caribe tenga tal nivel de tecnología militar rusa.

¿Tendría Estados Unidos consideración alguna de un escenario empantanado en Venezuela, de darse la «opción militar»?

Por eso no puede llamarse de otra manera sino provocación a las incursiones ilegales de los aviones espías estadounidenses.

Demostración de fuerza

El mismo Craig Faller dijo que en estos momentos el Comando Sur está recopilando información de inteligencia e intercambiándola con Brasil y Colombia, países fronterizos con Venezuela, lo que ayudaría supuestamente a una «transición pacífica» a la democracia auspiciada por Washington.

Bajo el concepto de que los Estados Unidos puede navegar, volar e incursionar en cualquier territorio del mundo, sobre todo en su «patio trasero», por tratarse del policía global a cargo de la seguridad guerrerista que propone, la aviación norteamericana junto con sus buques y oficiales soberbios tratan de mantener una alta temperatura a la tensión en la región por el caso venezolano.

Una manera de disuadir este comportamiento es con la ampliación de la cooperación militar entre Estados enfrentados a la hegemonía occidental.

Los ejercicios aéreos Rusia-Venezuela a finales de 2018 tuvieron un papel muy importante a nivel militar y geopolítico, con el reposicionamiento de Venezuela en la escena internacional pese a los consistentes esfuerzos dirigidos por Estados Unidos en aislarla.

De igual forma hace el Gobierno Bolivariano con la llegada a China del Comando de Defensa Aeroespacial Integral (CODAI) de la FANB, que participa en los juegos militares preparados por el gigante asiático de este año.

Por otro lado, la llegada de contingentes rusos a Venezuela tras los apagones de este año significaría un factor más de disuasión y muestra de fuerza entre aliados. El Kremlin podría incluso ofrecer dispositivos protectores contra los blackouts, en una infraestructura clave para el andar cotidiano del país.

En todo caso, las maniobras militares de Estados Unidos buscarían provocar asimismo a los rusos, cuya vinculación con la FANB es íntima y pone en entredicho la potencia militar norteamericana.

Si bien los ejercicios, equipos y juegos militares sirven como contención preventiva a los ojos del resto en el tablero geopolítico, el plan sigue siendo el mismo: avisar que viene el lobo de la intervención, aun cuando éste no asome las narices.

No en balde Estados Unidos sigue en la construcción del expediente incriminatorio contra el gobierno chavista de Venezuela, tildándolo de Empresa Criminal Conjunta Bolivariana y proponiendo una judicialización de los líderes más importantes del país, con el presidente Maduro de centro.

El resurgimiento de la «opción militar» tiene ese condimento, con el propósito de tratar política y mediáticamente a Venezuela en el mismo parangón de Panamá y Granada en la década de 1980. Ya sabemos cómo terminó todo: de manera sangrienta.

(Tomado de Misión Verdad)

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